"Los vestigios de una civilización que, aunque pasada, sigue viva; ve con muda tristeza como su orgullosa libertad es prisionera de una invisible cárcel de cristal".
El eco de los pasos de una aristocrática señora desvía mi mirada hacia el piso, y caigo en la cuenta de pensar como hubiesen sonado los pasos del gran Señor de Sipán o cuantas miradas habría desviado la, seguramente hermosa, Dama de los ojos azules y es que por más que pretendo entender lo grandiosa que fue la civilización PRE - Inca solo encuentro la misma palabra para todas mis preguntas; Increíble.
Una serpiente de dos cabezas, cabezas no de serpiente sino de jaguar, iconizando la Vía-Láctea y sosteniendo sobre ella una especie de sacerdote, de túnicas ejemplares y corona que destella rayos tan grandes y tan puros como los del sol, debe ser el Inti, ese mitológico personaje que en la época pasada dio vida a la tierra, dio un sentido a los hombres. Una forma de vida adornada de leyendas, de preceptos y ambiciones; que hoy solo le da luz a las personas.No es que quiera que el planeta se una en una herejía global dirigiendo sus miradas al cielo, no es que pretenda ver por las calles a personas bailando y celebrando la llegada del nuevo día, me doy a entender, me gusta mucho la mitología, pero se con resignada compasión que ya el hombre no tiene la misma fuerza para creer, y si la tiene le apena, y si le apena la esconde, y si la esconde es normal. Como normal es el hecho de olvidar que hace un tiempo atrás se vivía el mismo caos que el de ahora y que se vivía en busca de la paz y el orden al mundo dándole importancia a las cosas que son nuestras, a los sueños de inmortalidad del guerrero, a la visión de un mundo más que desconocido, hermoso.
Las saludables esculturas antropomórficas le cantan, en su diseño, a la vida misma y al pasar de sus años, me dice que todo allí era perfecto, más feliz, más noble, más tranquilo, como para no desviar la mirada ante el eco de ningún paso, sino dirigirla al sonido del andar de los reyes por un camino lleno de oro, piedra y esfuerzo. De arqueología no se nada, esa tarde lo admití, y lo poco que me ha dado la historia me hizo saltar de vitrina en vitrina ante ceramios cuyos nombres ya perdí. A mi lado una guía intentaba deslumbrar los aburridos ojos de un grupo de niños que se perdían entre tres cosas, los ceramios, la vitrina de cristal, y su reflejo en ella, cansados de ver tantas cosas viejas en tan bonito y moderno edificio.
El Museo de la Nación, por estos días, no presenta un atractivo repertorio de motivos por los cuales debería uno tomarse la molestia de ir hacia allá, la verdad, esperé ver más de lo que en realidad ví, unos cuantos “huaquitos” tan brillosos como el suelo recién encerado del edificio en el que están, unos mates burilados en esquinas opuestas, unas máscaras carnavalescas de las cuales no recuerdo presencia en el pasado cultural peruano y unos turistas poco emocionados paseando por el lugar tan sorprendidos como quien coloca en su departamento un raro jarrón recién comprado, en pocas palabras me aburrí.El Perú se diferencia de los otros países por poseer una cultura viva, que a través de los años no parece haber menguado en su presencia, presencia que asombra al mundo, a todo aquel que voltee la mirada a nuestro país, a nuestra historia, y aunque algunos errados puntos de vista digan que somos producto de una invasión estelar de seres interdimencionales, como una última película nos lo hizo saber, es imposible tapar al Dios Sol con dedo. Una película es solo eso, lo sé, pero la mitología, misticismo y lo exótico de nuestra cultura podría ser fácilmente un aval a tales abstracciones cinematográficas.
Las escenas graficadas en esas intrigantes vasijas de barro, no sé si las que ví lo son, demostraron su importancia histórica y el porqué estaban allí, ví cultura, pero no cultura viva, había tan poco que ver y tan alejado uno del otro, que no habían recreado un ambiente que ayude a internarse en un mundo antiguo, me pareció que había llegado muy tarde, huaquearon y no me entere.
Nuestra cultura es una de las cosas que nos identifica y nos engrandece, que hace, por un momento, borrar nuestros errores y creer que lograremos la grandeza que nos enseñaron a tener, que no hay heroísmo mas grande que el brindarle al mundo todo lo que supieron, conocieron y entendieron, que dibujaron en la tierra los símbolos de su sabiduría, que engendraron en ella los frutos de su fe y que pintaron el cielo con sus ojos de esperanza, esperanza en no morir jamás.
La piedra transparente que hoy cubre sus restos, piedra que tal vez soñaron algún día poder ver, aprisiona y minimiza todo lo que ellos significan. Hoy es anónimo el miedo de dejarnos sentirlos como anónimo fue la voluntad de crear ciudadelas invencibles ante el tiempo dándonos la posibilidad de poder estar en ellas, estoy seguro que Machu Picchu o Chan-chan no serian las mismas encerradas en una caja de cristal.
El eco de mis pasos desgastan la soledad que aparentan aquellas reliquias que deje esa tarde, salí con muchas mas preguntas que antes, pero aún con la misma respuesta, increíble, dí una última mirada al majestuoso sacerdote de corona solar, posado sobre aquella serpiente de dos cabezas de jaguar y cuyos ojos infinitos me parecen preguntar; ¿Volverás?...
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