lunes, 16 de marzo de 2009

Bitacora 21; Archivo A3: Soledad



Los ojos infinitos de un sacerdote supremo me transmitían con su mirada toda la fuerza de la historia, pero ahora la soledad parece haber ganado una batalla más al tiempo.

La grandeza de nuestra cultura ha sobrevivido, como por arte de magia, por centenares de años, olvidando al tiempo, aguardando en silencio la luz de una nueva mirada, una, que apenas descubre las maravillas de vivir la cultura no como el regalo de un libro antiguo que te cuenta hoy lo que paso ayer, sino como el oro del cual se visten los hijos del sol.

Un inesperado y caluroso sol asomo por el horizonte y parecía posarse estratégicamente sobre el rostro de todos, y es que a mediados de la tarde las casacas y los polares eran ya una cosa verdaderamente ridícula. Adormilado y llevando a cuestas un cansancio, producto de una larga noche y de no un menos difícil mañana, me enrumbe a la Huaca de Huallamarca, a cumplir con algo mas que una simple tarea.



Calle Nicolás Ribera 201, San Isidro, una imponente pirámide trunca emerge del suelo como la demostración de este de toda la belleza que es capas la naturaleza, pero contrario a lo que muchos puedan pensar y creer, esta maravilla hecha de barro es producto de la visión del pasado, de una mirada que tal ves, pudo ver a través del tiempo, del olvido, de la historia.



No tocar, ni se te ocurra, mejor ni lo intentes, tan cerca y tan lejos a la ves de las cosas, de todo aquello que te muestra que provienes de algo mas que de una simple cadena de sucesos, de consecuencias. Un discurso monótono y aprendido a las malas, recibe a una grupo de personas entre los cuales me encuentro yo, agradablemente sorprendido por las cosas que veo, pero, aburrido en gran medida, no solo porque pude emplear mi tarde en una siesta que reponga mis energías y mis ganas de seguir viviendo, sino porque el lugar en encerraba lo que antes era libre y mataba cada ves y a cada paso las ilusiones e conocer algo tan bello y tan cercano.

Una serie de detalles que intrínsecamente pintaba de cuerpo entero la situación del turismo en nuestro país, ir a un museo, a visitar una huaca, un mausoleo, debería ser más que una actividad toda una experiencia. Algo que quieras hacer constantemente, que te guste por lo que puedas pensar allí mismo y por lo que puedas sentir siempre, sin importar a donde ballas, un lugar con el cual te identifiques.


Un insoportable hedor a desinterés reinaba en el lugar y nada de lo que se dijera pensara o hiciera podía cambiar eso, preguntas constantes y casi inoportunas me marcaban rápidamente como el visitante no deseado, y es que mi interés no era el serlo, buscaba una manera, un camino de lograr sentirme vinculado con lo que estaba haciendo he integrar también a la guía que estaba frente a mi.


Me pareció importante el darme cuenta de que el turista no siempre se ve reflejado sobre la superficie del monumento que esta observando, monumento el cual llamo su atención desde muy lejos, monumento al cual lo condujeron sus ganas de vivir una experiencia diferente, un camino que no comprende.

Las falencias del turismo en el Perú siguen presentes, y no son necesarias que estas se muestren como grandes pergaminos de vergüenza, como grandes esculturas hechas en desidia, como una huaca con enorme potencial atrayente pero sola. Se han realizados acuerdos por parte de la municipalidad de San Isidro para lograr hacerles estudios a sus reliquias y conseguir incrementar, si es que se cree que es posible o necesario, su importancia y validez, pero todo eso se hace como un tramite simple y sin importancia mucha, como si se hiciera porque sobra algo de tiempo y de fuerzas.

Una terrible sensación de soledad sentí desde mi llegada a aquel lugar y aun ahora que me he rodeado de gente, sigo pensando, en como es posible que dejemos que pase que dejemos que el tiempo se olvide de ello, dejar que la historia consuma como una frase celebre y trillada los vestigios de una raza inmortal, como puede ser que dejemos que la luz de una nueva mirada, de esa nueva mirada, vea con resignación nuestro presente.

jueves, 12 de marzo de 2009

Bitacora 21; Archivo A2: Copas




Es la una de la tarde y el ringtone de un celular es el presagio de algo mucho más grande que una simple conversación, es el llamado a una nueva reunión en el palco de honor más agradable del mundo, un pacto entre caballeros que no pretende ser secreto peri sí irrompible.

Desde las historias de los tres mosqueteros, no había conocido a tres personajes tan leales a sus convicciones y a la unión que requiere su meta en común como estos tres amigos, y aunque Atos, Portos y Aramís tal vez no disfrutarían del éxtasis que causa el presenciar la final de la Champions League como lo hacen Joan, Andrés y Jorge, se quedarían indudablemente sorprendidos al verlos blandir sus vasos de cerveza tan y hasta más audazmente que ellos mismos sus propias espadas.

Cada uno de ellos elabora un plan, la forma perfecta de organizar la huida de todo aquello que no importe tanto como ver un partidazo en ESPN, uno por el cual lloran, ríen y veneran miles de personas en todo el mundo; un conocimiento que solo la experiencia te brinda, sabiduría urbana que refuerza una amistad tan joven como la tecnología en el mundo y tan poderosa como la lealtad de un caballero.





Joan, Andrés y Jorge dividen su tiempo entre las tareas de la universidad y sus hobbies, cada uno distinto al otro por completo, a tal punto de no encontrar, a simple vista, nada en común entre ellos.
Joan, el más bajo de los tres, lleva en su haber algunos kilómetros recorridos montado sobre un skate y, aunque ciertas cicatrices muestran lo difícil que le fue aprender a disfrutarlo guarda con aprecio las vendas, cremas y medicamentos necesarios para curar las siguientes. Tan noble como amable, una agradable persona que no se niega a ayudar a alguien, de voz suave que invita a la sonrisa, ojos negros que te dicen que esta calmado, lleva tatuado en el brazo izquierdo una frase que evoca a su paz y crecimiento interno y cuyo significado solo lo sabe él, ya que nadie que se le aya acercado puede leer árabe. Surfer a temporadas muestra como pruebas de un romance con el mar, su tabla y wetsuit, ama el fútbol desde que pudo patear una pelota pero estando en el colegio una seria lesión a su rodilla derecha le arrebato el goce de poder jugarlo una vez más, pero aun puede caminar cuando pasea por el Jokey y correr cuando esta a punto de llegar tarde a su primera clase por la mañana.

Andrés, el negrito, es el tipo más alegre que se pueda conocer, siempre con una sonrisa en los labios esta dispuesto a esbozar una sonrisa por cada comentario jocoso que se presente ante él. De ojos oscuros y un poco rasgados proyectan la mirada de quien analiza todo aquello que ve. Nariz finamente respingada y facciones en el rostro pocas veces vista en una persona morena, cabello cortado con maquina muy pegado a la cabeza, según él porque le da flojera peinarse, viste ropas de estilo casual combinando algunos colores claros y aunque vive en surco muy cerca a su facultad, siempre encuentra la ruta para poder llegar a otros distritos de visita a sus numerosas amigas. Aún no me queda claro como es que lo logra, pero siempre tiene noticias de alguna salida que tuvo, tiene o tendrá con alguna ”terrible” víctima de su personalidad directa que la alcanzó en alguna fiesta en la que se encontraron. No es fanático de comprar nada, solo lo hace cuando realmente lo necesita. Su relación con el fútbol proviene de una tradición en su familia, todos los miembros de la misma son hinchas del mismo equipo, la verdad, nunca se propuso ser un ídolo del deporte rey y nunca se tomo en serio el hecho de jugar al fútbol, siempre ha jugado a la pelota, en el colegio, con la gentita de su barrio y con sus amigos de la universidad. La fortaleza de su personalidad no solo la demuestra con su alegría y su firmeza en sus decisiones, hace unos meses falleció lamentablemente su abuela, una de las personas más queridas por él, cuenta que se aisló un poco de sus amigos, que no fue a ninguna fiesta o “reu” durante un mes y que fue uno de los momentos en los cuales se sintió más débil en toda su vida.



Jorge es, de los tres, el más relacionado al fútbol, no solo lo practica como hobbie junto a sus conocidos del barrio, sino también, pertenece a un equipo de fútbol existente en si distrito; “los Búfalos de Cahuachi” escuadra en la cual desarrolla su sueño de ser, al menos por un momento, una estrella, un ídolo de multitudes.
De piel trigueña y porte espigada, no llega a ser tan alto como un jugador de la NBA pero si los es, más que un jinete profesional de las carreras hípicas, ojos de mirada fija y centrada, una carcajada que te hace pensar que esta a punto de gritar. Su afán de traer el cabello casi inexistente en su cabeza le ha valido el apelativo de “cachimbo” aunque esta cursando el quinto ciclo de la carrera de ciencias de la comunicación en la universidad de San Martín de Porres.

El día empezó frío y casi tan normal como cualquier otro miércoles de clases, tras unos días de no verse por motivos personales, hoy se encuentran al término de su horario, Andrés, tal y como esta en su código genético, trata de tomar la iniciativa de las cosas al proponer hacer algo especial mientras ven la final de la Champions, Jorge acoge la idea con agrado mientras se dibuja en rostro una sonrisa proyectándose, tal vez, a lo que será la reunión mas esperada de los últimos días.

Al unírseles Joan propone su casa, ubicada en Salamanca, como punto estratégico de operaciones, la final del torneo es algo serio y en este caso deben hacerse las cosas como se deben, entonces se conjuran las respuestas al hambre y sed que sentirán a la una y cuarenta y cinco, hora del partido, una vez obtenidas las respuestas a todas sus preguntas y con la predisposición que solo un hincha pueda tener, se embarcan hacia el estadio de turno en el cual esperan los palcos mas cómodos y acogedores que se puedan pedir, esos que saben a calor de hogar, calor abraza como lo hizo el de esa tarde, un sol inesperado sale como guiando el camino de los socios en busca de su propia conquista.

Mientras caminas por el mundo tratando de aprender todo lo que te es posible para poder defenderte de los ataques de tu mala suerte, de aquellos que te ven como la competencia a eliminar o de los temores y los miedos que te sobresaltan y ahogan cada sueño que te atrevas a tener, encuentras fuerzas y motivos que te dicen que sirve de algo poder sentir que cuando confías en alguien ganas, que involucrarte con aquellas personas que te rodean y buscar en ellas algo que te ayude a crecer y desear poder ser reciproco a eso es el fin intrínseco de la búsqueda de la armonía absoluta.

La atmósfera que se crea cuando se juntan es realmente contagiante, tras las bromas y comentarios que alegran a todos, se encuentra el más profundo de los respetos. El partido da comienzo y de manera automática y simultanea se genera un minuto de silencio por aquellos que no pueden ser testigos de cómo se escriben las paginas de la historia, luego como si fuera un deber o una misión cada uno de los integrantes del equipo ofrece de manera desinteresada los últimos datos que posean sobre el mundo del fútbol tanto local como internacional, tratan de ser los más actualizados posibles y de inmediato entran en consenso para legar al unísono a un conocimiento similar en amplitud. Unas bolsas de snaks de tamaño considerable fungen de poderosas municiones para asesinar el hambre que a todos ataca a esa hora de la tarde, o tal vez sea la emoción que se aglomera en la boca del estomago por ver a las estrellas del momento maniobrar el balón como no se es posible imaginar siquiera, como cuando estas enamorado y ella se acerca a ti con esa mirada capas de cambiarte la vida y hacer nuevas todas las cosas, si, es así, amor, amor a ella, la gordita mas bella del mundo, aquella a quien si tratas bien te convierte en una mejor persona, en un ser extraordinario.


Unas seis botellas de cerveza helada son el elixir mágico que separa a los hombres de los débiles, la guarnición mejor cuidada y custodiada por el anfitrión de turno, son preparadas para servir como armas de asedio contra la sed y como mecanismo de defensa ante el nerviosismo y la ansiedad que genera cada contragolpe.

Ni el negrito, ni cachimbo, ni el chato son adictos al alcohol, no tienen problemas con ninguna otra bebida y mucho menos son potenciales candidatos a ser parte de alcohólicos anónimos, no pertenecen a ninguna barra brava, ninguno de ellos consume sustancias ilegales ni encuentra divertido infringir la ley, salen casi todos los sábados a alguna discoteca a pasarla bien pero al final de la jornada regresan cada quien a su casa recordando todo lo que hicieron el tal lugar y sin necesitar ayuda para subir las escaleras, solo uno de ellos fuma, el chato, pero no constantemente. El tema de las cervezas esta presente en ellos porque es la excusa perfecta para ser lealmente sincero el uno con el otro, a hablar de aquellos temas que en otro momento y lugar no tendrían razón de ser ni de tratar.

Veo en sus miradas la añoranza de aquellos días en los cuales lo único que importaba era poder jugar como los grandes siendo tan solo unos niños, recordar a los amigos que un día tubo y que por cuestiones que no se pueden evitar, Andrés, perdió, aquellos que te ven tras el manto de la inocencia y logran conocer de ti lo más importante, a ti mismo. Recordar el viento en la cara y el sudor en la frente lleno de felicidad por un golazo de fuera del área, recordar, que es ahora lo único que le que a Joan, pues sabe que aquel fue el último y que no habrá otro más. Recordar que a veces en esta vida uno debe escoger entre lo que se debe y quiere hacer, Jorge tuvo que decidir y los caminos que el quisiera esta recorriendo, ahora, se ven más lejos que nunca, pues, una carrera universitaria necesita de todo tu esfuerzo para que valga la pena, es lo que debe hacerse, y que el balón no siempre esta en nuestra cancha y en ocasiones por mas que corramos no podemos alcanzarlo.

Un nuevo episodio en la historia del mundo se ha escrito, el partido ha finalizado y es hora de bajarle las revoluciones por minuto al corazón, las miradas de aquellos quienes loa lograron se cruzan una y otra vez, la felicidad es ahora plena fueron testigos de algo grandioso, su propia victoria, el Manchester United un equipo cuya historia ha colocado en esta competición en muchas ocasiones era el equipo por el cual hinchaban, esta vez, Joan y Jorge. El Chelsea uno de los equipos más representativos del fútbol mundial, disputaba en esa fría y lluviosa noche rusa su primera llegada a tales instancias a lo largo de su historia, esa tarde, Andrés hincho por ellos y aunque los tres son hinchas del Alianza Lima, ese día sufrieron y celebraron cada uno de sus goles y cada una de sus oportunidades perdidas.






En Rusia un nuevo campeón levanta la copa por sobre su cabeza y se erige como nuevo rey de Europa, he aquí los testigos que se rinden ante el nuevo rey, su amistad, y aplauden al nuevo campeón, su propia lealtad. Pudieron ser esas personas que soñaron ser un día, pudieron recordar aquello que sacrificaron por hacer lo correcto, y, sobre todo, pudieron entender que en la vida, todos, somos parte de una Champions League.
Por cierto, el equipo ganador fue el Manchester United.

martes, 10 de marzo de 2009

Bitacora 21; Archivo A1: Piedra



"Los vestigios de una civilización que, aunque pasada, sigue viva; ve con muda tristeza como su orgullosa libertad es prisionera de una invisible cárcel de cristal".


El eco de los pasos de una aristocrática señora desvía mi mirada hacia el piso, y caigo en la cuenta de pensar como hubiesen sonado los pasos del gran Señor de Sipán o cuantas miradas habría desviado la, seguramente hermosa, Dama de los ojos azules y es que por más que pretendo entender lo grandiosa que fue la civilización PRE - Inca solo encuentro la misma palabra para todas mis preguntas; Increíble.

Una serpiente de dos cabezas, cabezas no de serpiente sino de jaguar, iconizando la Vía-Láctea y sosteniendo sobre ella una especie de sacerdote, de túnicas ejemplares y corona que destella rayos tan grandes y tan puros como los del sol, debe ser el Inti, ese mitológico personaje que en la época pasada dio vida a la tierra, dio un sentido a los hombres. Una forma de vida adornada de leyendas, de preceptos y ambiciones; que hoy solo le da luz a las personas.

No es que quiera que el planeta se una en una herejía global dirigiendo sus miradas al cielo, no es que pretenda ver por las calles a personas bailando y celebrando la llegada del nuevo día, me doy a entender, me gusta mucho la mitología, pero se con resignada compasión que ya el hombre no tiene la misma fuerza para creer, y si la tiene le apena, y si le apena la esconde, y si la esconde es normal. Como normal es el hecho de olvidar que hace un tiempo atrás se vivía el mismo caos que el de ahora y que se vivía en busca de la paz y el orden al mundo dándole importancia a las cosas que son nuestras, a los sueños de inmortalidad del guerrero, a la visión de un mundo más que desconocido, hermoso.

Las saludables esculturas antropomórficas le cantan, en su diseño, a la vida misma y al pasar de sus años, me dice que todo allí era perfecto, más feliz, más noble, más tranquilo, como para no desviar la mirada ante el eco de ningún paso, sino dirigirla al sonido del andar de los reyes por un camino lleno de oro, piedra y esfuerzo. De arqueología no se nada, esa tarde lo admití, y lo poco que me ha dado la historia me hizo saltar de vitrina en vitrina ante ceramios cuyos nombres ya perdí. A mi lado una guía intentaba deslumbrar los aburridos ojos de un grupo de niños que se perdían entre tres cosas, los ceramios, la vitrina de cristal, y su reflejo en ella, cansados de ver tantas cosas viejas en tan bonito y moderno edificio.



El Museo de la Nación, por estos días, no presenta un atractivo repertorio de motivos por los cuales debería uno tomarse la molestia de ir hacia allá, la verdad, esperé ver más de lo que en realidad ví, unos cuantos “huaquitos” tan brillosos como el suelo recién encerado del edificio en el que están, unos mates burilados en esquinas opuestas, unas máscaras carnavalescas de las cuales no recuerdo presencia en el pasado cultural peruano y unos turistas poco emocionados paseando por el lugar tan sorprendidos como quien coloca en su departamento un raro jarrón recién comprado, en pocas palabras me aburrí.

El Perú se diferencia de los otros países por poseer una cultura viva, que a través de los años no parece haber menguado en su presencia, presencia que asombra al mundo, a todo aquel que voltee la mirada a nuestro país, a nuestra historia, y aunque algunos errados puntos de vista digan que somos producto de una invasión estelar de seres interdimencionales, como una última película nos lo hizo saber, es imposible tapar al Dios Sol con dedo. Una película es solo eso, lo sé, pero la mitología, misticismo y lo exótico de nuestra cultura podría ser fácilmente un aval a tales abstracciones cinematográficas.

Las escenas graficadas en esas intrigantes vasijas de barro, no sé si las que ví lo son, demostraron su importancia histórica y el porqué estaban allí, ví cultura, pero no cultura viva, había tan poco que ver y tan alejado uno del otro, que no habían recreado un ambiente que ayude a internarse en un mundo antiguo, me pareció que había llegado muy tarde, huaquearon y no me entere.

Nuestra cultura es una de las cosas que nos identifica y nos engrandece, que hace, por un momento, borrar nuestros errores y creer que lograremos la grandeza que nos enseñaron a tener, que no hay heroísmo mas grande que el brindarle al mundo todo lo que supieron, conocieron y entendieron, que dibujaron en la tierra los símbolos de su sabiduría, que engendraron en ella los frutos de su fe y que pintaron el cielo con sus ojos de esperanza, esperanza en no morir jamás.

La piedra transparente que hoy cubre sus restos, piedra que tal vez soñaron algún día poder ver, aprisiona y minimiza todo lo que ellos significan. Hoy es anónimo el miedo de dejarnos sentirlos como anónimo fue la voluntad de crear ciudadelas invencibles ante el tiempo dándonos la posibilidad de poder estar en ellas, estoy seguro que Machu Picchu o Chan-chan no serian las mismas encerradas en una caja de cristal.

El eco de mis pasos desgastan la soledad que aparentan aquellas reliquias que deje esa tarde, salí con muchas mas preguntas que antes, pero aún con la misma respuesta, increíble, dí una última mirada al majestuoso sacerdote de corona solar, posado sobre aquella serpiente de dos cabezas de jaguar y cuyos ojos infinitos me parecen preguntar; ¿Volverás?...