lunes, 24 de agosto de 2009

Bitácora 21; Archivo A12: Herramientas

Uno de los problemas más graves del hombre moderno es, sin duda, las relaciones interpersonales, o sea, relacionarse con otros hombres modernos.

Ya sea por falta de interés uno en el otro, por falta de ocasiones que involucren su desarrollo en la sociedad, o, por falta de picardía.

Este problema se ve reducido de gran manera cuando se aplica una de las herramientas más eficaces de todas, las relaciones públicas, éstas, aunque no lo parezca, son inherentes al hombre ya que forman parte de su medio de comunicación hacia la sociedad desde su crecimiento y paso por los primeros grupos sociales hasta los últimos y más triviales.

Una suerte de técnica de aceptación social, que existe, gracias al cielo, para apaciguar la creciente preocupación del hombre por su aceptación en la sociedad.

Así, el siempre preocupado y problemático hombre, puede valerse de esta técnica, en el campo laboral, para acumular logros basados en su nuevo instrumento promocional de trabajo, llegando incluso, a promover, incentivar, estimular y concretizar, constantemente, la opinión publica.

Fin del análisis numero uno.


Continuará…

miércoles, 5 de agosto de 2009

Bitácora 21 Archivo; A11: Nunca jamás.

Érase una vez, un niño, de sueños tan sublimes como las nubes y de voz tan mágica que lo hacia elevarse entre ellas surcando los aires.

Que cantaba sus anhelos y a la esperanza, al amor que nadie entiende y que todos buscan. Contemplando en sus ojos la alegría de otros niños olvidándose de su propia sonrisa, dibujando así, un bosquejo de vida perfecta en su rostro que al oscurecer de un reflector y apagar de una cámara se oscurecía también su propia vida y se apagaba su agotada y fingida sonrisa, la única que tenia.

Pues existía un señor oscuro que lo perseguía, devorando sus pasos y absorbiendo la riqueza de su música, un ser tan despiadado, a quien no le importaba la magia, ni la esperanza ni el amor.

Ese niño, quien se convirtió en el príncipe de las hadas, se llamó Michael. Se dice que uno de estos espíritus inmortales y luminosos llamado Ben, lo tuvo que abandonar y a ello y en su memoria, Michael, le dedicó una oración que la llamo como él, Ben.



Desde muy temprano, el joven príncipe, entendió que vivía en un mundo de maldad, de falsas sonrisas como la que el tenia y lleno de señores oscuros como el suyo que acababan con la magia en el mundo, vivía en un lugar que moría y sangraba a pesar de sus canciones, de sus esperanzas y sus sueños.

Pero el príncipe de las hadas nunca se rindió y pasaron los años y como era de esperarse, el príncipe se volvió rey. Miles de hombres y mujeres que creían en sus sueños persiguieron su esperanza y buscaban sus canciones haciéndolas parte de una idea y creando un mensaje.

Cuando se hubo fuerte, el rey, se enfrento al señor oscuro pudiendo desterrarlo de su vida y logrando salvar sus sueños y la poca magia que él aun tenía. En señal de su victoria y para eliminar el sufrimiento que adquirió mientras vivía en este mundo, creo un enorme castillo al cual doto de magia como nadie nunca se había imaginado, ese castillo significó un nuevo mundo para el rey, ahora de los sueños, y lo llamó Never-Land.




Pero, como todos, el rey era humano, y aunque en el existía una realidad paralela dentro de su castillo, nunca pudo eliminar ese rastro de humanidad que recorría su cuerpo, el dolor.

Dolor por los recuerdos dejados como llagas por el señor oscuro. Dolor por una niñez marcada por una falsa sonrisa. Dolor por una enfermedad que lo transformo en una caricatura de si mismo.

El rey de los sueños, estuvo atrapado siempre en el suyo propio, inmerso en el esfuerzo de querer ser un niño para siempre, y jugó, jugó con su rostro cambiándolo para eliminar la tristeza y el dolor. Jugó con su cuerpo dejando tras cada movimiento haces de luz que se encendieron para no apagarse jamás. Jugó con su mente creyéndose rey de una magia que, tal ves, no existe y jugó con la luna caminando sobre ella como si fuera su dueño y dueño de la gravedad, como lo que él era, el rey de los sueños.




Pero sus heridas eran muy graves, su paso por este mundo lo dejo muy débil y las sombras que se asemejaban al terrible señor oscuro, lo atacaban, a veces, de manera humillante. Tras la fuerza de miles de escudos que le brindaron sus seguidores, el rey se volvía cada ves más, ese niño triste que soñaba, de manera sonora, ser inmortal, como las hadas que le rodeaban, como Ben.

La verdad en su vida fue tan fuerte como la magia que soñaba tener. Esa única verdad que no lo dejaba, que parecía haber nacido con el, esa verdad, su verdad, el sufrimiento. Lo único constante en su vida, lo único que Never-Land no pudo calmar.

Hoy, por fin el rey de los sueños, el príncipe de las hadas, el niño triste de la voz maravillosa, el mágico esclavo del señor oscuro, descansa.





Volvió a ese mundo mágico de sueños inmortales y esperanza absoluta, volvió a ver esas hadas que aguardaron por él siempre, de nuevo vuelve a ver a Ben.

Donde no volverá a llorar, donde no volverá a sufrir, no, nunca jamás.